Bunge (2009) define la pseudociencia como “un conjunto de ideas o prácticas que se presenta como ciencia aunque de hecho no lo es.  Es decir, se la vende como científica pero no es científica”  (p. 40).  Ejemplos típicos puede ser la parasicología, la homeoterapia, el horóscopo etc.

Detrás de todas las pseudociencias, hay toda una industria que lucra con las esperanzas de personas que acuden a ellas, como por ejemplo los “tratamientos alternativos” para la cura del cáncer; como se sabe el cáncer puede ser tratado en sus inicios, sin embargo hay personas que prefieren probar con estos “nuevos tratamientos” y cuando se dan cuenta que no funciona, recién recurren a la medicina científica pero ya es muy tarde.

El problema de las pseudociencias es que, o bien están estructuradas de tal forma que no puedan someterse a prueba, o han sido refutadas mediante pruebas científicas.  Y hay que tener mucho cuidado con este punto, ya que no es que no se haya demostrado aún que funcionan, sino que se ha demostrado más bien que no funciona (o si ha habido alguna cura, se debe al efecto placebo)

Los partidarios de la pseudociencia afirman frases como “a fulano de tal le aplicaron este tratamiento (tratamiento pseudocientífico) y se curó, yo soy testigo de ello”, esta afirmación tiene tres problemas principales:

  1. Si fuera verdad sería un solo caso, por lo tanto no es una muestra significativa como para extrapolar a la población
  2. No hubo un diseño de investigación científico, como por ejemplo un grupo experimental y un grupo control, para verificar dicha afirmación.  Entonces la cura (si hubo) se pudo deber a otra variable que no se controló.
  3. El caso no se ha documentado debidamente, por lo tanto no se puede afirmar la veracidad del mismo.

Otro problema de los pseudocientíficos es que al no tener resultados de investigaciones que corroboren sus afirmaciones, usarán la falacia ad hominem, es decir atacar a la persona calificándola como “de mente cerrada” y no al argumento.

Debido a la importancia de este tema, posteriormente seguiremos ampliando un poco más este punto.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

Bunge M. (2009).  Vigencia de la filosofía.  Lima: Fondo Editorial UIGV

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